Dejar Reposar la Novela.


Vamos con otro pequeño consejo para grandes escritores, en este caso os recomiendo encarecidamente dejar reposar vuestra novela.

Desde el mismo momento que escribimos la palabra “fin” los autores consideramos que hemos alumbrado un hijo precioso. Un gordito adonis de angelical mirada e indómitos rizos rubios que haría palidecer con su belleza a la mismísima Freya. Un bebé tan bonito que nos permite dar por bueno el vano esfuerzo dedicado a todos los proyectos que acabaron convertidos en bolas de papel arrugado.

Sí, sé que es difícil meter en un cajón a la niña de tus ojos, ocultándola del mundo, y aguantar, comiéndote las uñas, el dulce momento de pasearla por el parque en su carrito para que todas las abuelas se acerquen a decirte… ”que guapo es el nene, se parece al padre”.

Siento deciros que la experiencia es tan dura como necesaria, y si quieres que tu retoño alcance la edad adulta un puñado de días de espera es un precio nimio a pagar.

En mi caso escribo y reescribo, corto, pego, borro y añado hasta conseguir un primer borrador. Este primer borrador, que ya tiene la enjundia suficiente como para nacer, lo corrijo en la pantalla del ordenador, finalizada esta corrección lo imprimo en papel. Utilizo una copia para el registro y otra la guardo en un cajón hasta que, pasados los dos meses de rigor, me encomiendo a la Santísima Trinidad y acometo su corrección definitiva.

Los dos meses de separación de tu prole te ayudarán a coger distancia y a apreciarla en su justa medida. Tanto los personajes como la trama asentarán sus cimientos y dejarán al descubierto manchas de humedad, puertas que chirrían, armarios que no cierran bien e incluso goteras o paredes torcidas. Hemos pasado la mirada por estos fallos cien veces sin detectarlos y de no habernos obligado a retirar la vista lo hubiéramos hecho otras tantas sin haber sido capaces de detectarlos.

Lo de esperar dos meses es una opción personal, ya que como dijo Einstein : “El tiempo es relativo”. Para desapegarse de vuestro engendro algunos tendréis más que de sobra con un mes, mientras que otros puede que no consigáis coger distancia hasta pasado medio año.

Yo amplio la aseveración de Einstein añadiéndole un coletilla de mi propia cosecha: “El tiempo es relativo… y cabrón”. Porque crece y encoje por donde quiere. La magia que convierte la concatenación de segundos en minutos y estos en horas y días es caprichosa y puede obstinarse en transcurrir espesa y tediosa como la cola del supermercado o vibrante y veloz como un verano en Ibiza. Todo es cuestión de perspectiva.

Si queréis imprimirle velocidad al tiempo os recomiendo que os entretengáis en lo que sea, podemos dedicar nuestros dos meses de espera a explorar los complicados horizontes editoriales, releer a los clásicos de la literatura o dar la oportunidad a las letras de los que al igual que nosotros empiezan, tampoco es un mal plan comenzar a perfilar la trama de futuras novelas. Otra opción igual o más licita que las anteriores (aunque quizás si te decantas por esta última alternativa el tiempo se estanque) consiste en aceptar plenamente lo de “perder el tiempo”.

Más tarde o más temprano llegará el día de desempolvar la novela y proceder a su corrección definitiva (si es que alguna lo es). Notaremos una extraña sensación, el texto se nos manifiesta distante, como cubierto por una fina nebulosa; el tiempo relativo y cabrón ya ha cumplido su cometido.
Por supuesto que recordamos a nuestros personajes y nuestras tramas, al fin y al cabo nosotros las hemos parido, pero la distancia consigue que veamos el conjunto desde otro enfoque, como si el texto no fuera nuestro. En este difícil trance comenzaremos "la poda de la novela". Una buena poda se llevara por delante al menos el 10 por ciento del árbol. A priori parece imposible mutilar de tal manera nuestro retoño, pero a poco que le cepillemos los dientes, le adecentemos la cabellera y le recortemos las uñas os aseguro que lo conseguiremos.

Sueños de Navidad.

Durante los que quizás fueron los mejores años de mi vida pasé las navidades junto a abuelos, tíos y padres en el pueblo, en la casa familiar. Siempre íbamos un par de días antes de estas fechas señaladas para ir preparando las pitanzas y tratar de evitar la congelación de los futuros comensales encendiendo la vieja calefacción de gasóleo a tope de potencia. En aquella casa siempre hacía un frío de cojones. Un rito preludio de la navidad consistía en desplazarnos en busca de gasoil hasta la gasolinera más cercana en el Renault 19 de mi padre. Luego me tocaba ayudarle a finalizar el proceso, sujetando el embudo hasta que la caldera se tragaba hasta el último de los bidones de 25 litros. Ni que decir tiene que la ducha de carburante, y la consiguiente bronca paterno-filial, estaba asegurada.

Solía llover de continuo, y en aquella época libre de móviles el teléfono fijo hervía con su repetitivo ring ring de felicitaciones navideñas, ante el evidente mal humor de mi señor padre, al que le resultaba imposible echar la siesta “en esta puta casa”. Las conversaciones solían alargarse un buen puñado de minutos y los familiares, que llevaban tiempo sin verse, aprovechaban para contarse sus asuntos y chismorrear un poco; cosa impensable hoy en día dado el estado de hipercomunicación en el que vivimos.

Mi madre y su hermana, Marifé, se encargaban de organizar, haciéndole un quiebro a la desgana, los festejos que se celebraban tumultuosamente a lo largo de las fiestas navideñas, por aquel entonces los hombres aún actuaban como una casta ajena a labor doméstica alguna, exentos de cualquier tarea salvo de la de recargar las calderas de gasóleo.
Los niños, como consecuencia de nuestra corta edad, tampoco teníamos ninguna función atribuida; íbamos organizados por edad y altura, como los cuatro hermanos Dalton, Rúben ocupaba la cabecera con poco más de doce años, siguiéndole yo en línea descendente, tras de mi Luisín y por último y cerrando la fila Yayo, que debía de superar por poco de la media docena.

El menú de Nochebuena consistía irrenunciablemente en sopa de marisco, langostinos y cordero. De postre: escándalo loco de dulces navideños. Para el día de Navidad nos esperaban las sobras de la noche anterior y para Nochevieja se sustituía la sopa de marisco por la de carne y el cordero por pavo.

Durante la Nochebuena mi padre actuaba siempre como maestro de ceremonias, deleitándonos con chistes fáciles, tirones de orejas que mi primo Luisín aguantaba con estoicismo, e historietas en clave de humor que a quien más hacían reír era a él mismo, cautivo de su propio talento narrativo. La opereta se alargaba hasta que el alcohol comenzaba a hacer rascar su disco duro. Tío Luis, salvo en contadas coyunturas parco en el comer y en el beber, en aquellas ocasiones engullía hasta dilatar el estómago más allá del punto de no retorno, disfrutaba de las bebidas espirituosas como si no hubiera un mañana, y no perdía ocasión de jalear a mi padre riéndole cada chiste con más intensidad aún que el anterior.

Tras zampar más turrón del humanamente posible, después de que mi abuela tratara de bailar “Mi Carro me lo Robaron” sustituyendo al ínclito Manolo Escobar por una escoba y que todos los que aún no habíamos llegado a la madurez (incluido mi padre) hubiéramos intentado decir “Pamplona” con la cavidad bucal atiborrada de polvorones de estepa, solíamos abandonar a nuestra parentela a su suerte y acabar nuestras juveniles farras aprovechando al máximo aquellos momentos de laxitud en la vigilancia paterna, aquel indulgente paréntesis en el parecía abrirse la veda a comportamientos que en cualquier otra casión se hubieran saldado con generosas andanadas de "zapatilla", achispándonos con sidra en el jardín y desperdiciando, a escondidas, un habano que como decía mi abuela “no se lo saltaba un gitano”.

En Nochevieja bajaba el nivel, y tras marcharse todos los adultos al baile, tan sólo quedábamos para disfrutar de nuestra fiesta de Nochevieja casera los cuatro hermanos Dalton, junto a mi abuela Josefina, nuestro particular Lucky Lucke siempre vigilante.

Cuando se aproximaba la media noche, después de degustar los típicos productos navideños, como postre y culminación al festival del yantar desmesurado nos concentrábamos delante de nuestra Philips TC100, orgullo tecnológico y signo de prosperidad de nuestros progenitores, ávidos de disfrutar del programa de variedades que cada año nos servía envueltos en playback a los artistas más punteros del momento.

Acabados los insufribles resúmenes informativos del año que ya llegaba a su fin, y después de que todos los profetas televisivos hubieran dado sus pronósticos para el año venidero llegaron los cuartos, los medios y por fin las doce campanadas.
En las campanadas de 1987 no hubo incidentes reseñables en el acto de buscar la buena suerte ingiriendo frutas, salvo los habituales e inevitables ataques de risa floja que siempre truncaban la intención de mi abuela de dar fin a sus doce uvas.

Los cuatro hermanos Dalton matábamos los minutos publicitarios previos a nuestro particular guateque televisivo intentando, a base de dulces navideños, que el nivel de glucosa en sangre no descendiera.
La Abuela, después de enterarse de que Manolo Escobar tampoco cantaba este año, amenazaba con enfilar la cama escaleras arriba, mientras que nosotros chasqueábamos los dedos con un sentido del ritmo discutible al tiempo que tarareábamos los éxitos televisados del cantante de moda de turno y continuábamos metiéndonos sucesivas chutas de turrón. Engullimos como hienas mientras que Rick Astley nos animaba con su "Never Gonna Give You Up", le dimos cera al turrón de chocolate, al blando, a los polvorones y mantecados de estepa e incluso a la morralla que siempre queda pegada al fondo de las bandejas: El turrón duro, las bolas de coco y las uvas pasas.

La noche fue avanzando y sin ni siquiera haberlo sospechado llegó el tiempo de una de las actuaciones más recordadas de la historia de la televisión, un colofón perfecto para una fiesta de cuidado. Si, amigos lectores, vosotros sabéis de sobra de que os hablo, vosotras quizás tan sólo lo sospechéis….pero vosotros lo sabéis fijo.

Pechuga, pechuga italiana de la buena, de la que antaño solo se veía en el catálogo del Venca. Pechugona genovesa de primera calidad. Pechuga en definitiva de Sabrina Salerno. El manjar más apreciado y mejor saboreado de toda la navidad de 1987. Una pechuga tan rica que a la fuerza tenía que estar hecha de sueños, sueños de navidad. Doy gracias a Dios por permitirme disfrutar de tal manjar: Hot Girls, la mejor actuación musical de todos los tiempos.
           
            Hot Girl Hot Girl I’m Satisfaction Baby
           Hot Girl Hot Girl I’m Dynamite
           Hot Girl Hot Girl I’m Satisfaction Crazy
          Hot Girl Hot Girl Take Me Tonight

https://www.youtube.com/watch?v=8FKSme_8_ME
Saltó, la chica saltó, tanto como para que todas las cabezas con ojos que desde cualquier lugar de esta piel de toro que es España bailaran a su compás. Saltó para disfrute de altos y bajitos, feos y guapos, monjas y frailes, para regalo navideño de todos y cada uno de nosotros.

          Hot Girl Hot Girl I’m Satisfaction Baby
          Hot Girl Hot Girl I’m Dynamite
          Hot Girl Hot Girl I’m Satisfaction Crazy
         Hot Girl Hot Girl Take Me Tonight
         Sexy Girl Sexy Girl


Sus escuetas ropas cedieron ante el ímpetu irrefrenable de aquellos pechos rebosantes, hasta llegar al punto de liberarse, agitándose al aire ante el general asombro general y el parcial aplauso. Rúben gritó: “boys, boys, boys”…yo aplaudí puesto en pie como si Miguel Ángel hubiera dado el ultimo martillazo a su David, Luisín señaló la tele con el índice gritando hasta el paroxismo: “las tetas, las tetas”, a la abuela se le escapó un clerical: “válgame Dios” y Yayo gritó “Pamplona” regándonos a todos con los polvorones con los que tabicaba hasta el últimos resquicio de su boca.

Malos tiempos para la lírica.

Coppini y sus Golpes Bajos, hace una pila de años ya nos cantaban que corrían malos tiempos para la lírica, a tenor de las desesperanzadoras respuestas que están llegando a mi correo electrónico mi novela, De Revelaciones y Engaños, tiene difícil huir de tan trillado presagio.
El tópico que reza: “Estamos viviendo tiempos realmente difíciles” a base de mera repetición va camino de convertirse en máxima.

Hostia, me revelo a creer tan mayúsculo embuste. ¿Acaso nos han invadido los marcianos, se han fundido los casquetes polares, se aproxima un asteroide más grande que las promesas de un político en campaña electoral y yo no me he enterado? o será que Tamara y Leonardo Dantes sacan un disco de duetos y la humanidad se ve abocada al suicidio antes de que esa música celestial nos lobotomice a todos.
Si la respuesta es sí, queridos lectores no me lo escribáis en los comentarios, porque se vive mucho mejor en la ignorancia y prefiero seguir aquí.

Goebbels dijo una vez “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” y la cantinela de los tiempos difíciles empieza a oler a rancio. Una falacia con la que los poderosos atormentan al pueblo llano generación tras generación.
Todos tenemos tendencia a pensar que nuestra situación actual es peor que la que teníamos tiempo atrás. Si quieres refrendar lo que te digo sólo tienes que bajar al bar, elige uno de esos de baja estofa, de pellejo de vino y cartel del “prohibido fumar” oscurecido por el amarillo de la nicotina. No esquives la mirada entre los parroquianos, sé generoso con el vino y no dudes en dar lumbre si te la requieren. Deriva la conversación hacia los tiempos mozos, verás como fuman tabaco y en cada bocanada se les escapan recuerdos llenos de ebrias tristezas recordando antiguas dichas.

El recordar tiempos pasados con nostalgia es un sentimiento tan humano como antiguo. Y como muestra un botón, un botón precioso y con más solera que nuestro propio idioma:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor.
                          Jorge Manrique.

La ilusión de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor tiene su base científica bien grabada en nuestro ADN. El ser humano tiende a olvidar los malos momentos y recordar los buenos. Problemas que en su día pesaban como losas, ahora pasados los años y puestos de nuevo en la balanza ya no pesan tanto.

A los poderosos que intentan inocularnos el virus de la añoranza de un pasado mediocre les responderé una y mil veces parafraseando Quevedo: Cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el futuro sin conocerlo.




Colaboraciones. Cuando Harry encontró a Lloyd.

Esta semana una editorial valiente me ofreció colaborar con 10 páginas en un conglomerado de textos que pretenden distribuir a nivel nacional por ferias y congresos del gremio.
En un principio la propuesta me pareció valorable, incluso durante breves instantes llegó a seducirme. Finalmente tras rememorar antiguas andanzas empresariales en las que uno no era responsable del 100% de las decisiones hice caso al refrán , “a medias ni des ni tengas”, y rechacé cortésmente el ofrecimiento. La razón es sencilla: Salvo honrosas excepciones las colaboraciones son como la trayectoria musical de Mili Vanili, parece canela, pero al final resulta ser veneno.

Amigos, os recomiendo huir de las colaboraciones como de los bares en los que suena Romeo Santos.
¿Acaso no hubiera sido mejor que Albano le hubiera “hecho la cobra” a la guapísima Romina o que Paul Simon hubiera tenido los huevos de dejar a Garfunkel en la peluquería? Mark Zuckerberg fue más listo, soltó lastre y aunque le costara dinero seguro que lo pagó a gusto.
Aunque quedéis como unos ególatras que no quieren mezclarse con el vulgo o como unos vendidos que os cortaríais los brazos antes de echarle una mano al prójimo, cualquier cosa es preferible a encomendarse al espíritu santo, aceptar y empantanarte en un proyecto que sabes nace herido de antemano. Cuando Harry proyectó impresionar a Holly acercándole a casa su maletín buscó apoyo en su amigo Lloyd, el pobre jamás pensó que arrimar el hombro le llevaría a enredarse en un estrambótico viaje atravesando medio continente.

En el caso de los proyectos bicéfalos caben tres opciones: Que los dos cabezas pensantes sean genios, como es el caso de los líderes de Temple of the Dog o de los manidos Beatles. La duración de estas escasísimas colaboraciones fructíferas es breve y fulgurante como la cola de un cometa. La guerra de egos que a la fuerza ha de llegar acabará con una inevitable deflagración que se llevará por delante proyecto, ideas, amistades, dineros y a cualquiera que se atreva a ponerse por delante.
Otra opción es que nos encontremos ante un genio y un memo. En estos casos el proyecto es a la fuerza del memo, porque el genio a tenor de la inteligencia que se le presupone hará suya la máxima de mejor solo que mal acompañado y se cuidará muy mucho de enredar en sus proyectos a un gilipollas. Si te ves envuelto en un proyecto ajeno date por jodido, porque en esta pareja de baile te toca ser el pasivo y no tienes ni idea de la afición por el cuero y el latex que puede tener el que a partir de ahora va a dedicarse a montarte como si fueras una mula. Si por el contrario eres tú el que buscas colaborador, siento tener que informarte, amado lector, de que el memo eres tú. Abre los ojos hombre, sacúdete la galbana y afronta tú mismo la totalidad del proyecto, echa tiempo, sudor, esfuerzo y al final tendrás doble premio: La satisfacción del deber cumplido y la satisfacción de no haber tenido que mendigar.
La mejor de las tres opciones es que ambos seamos memos. Los memos nos entendemos entre nosotros. Disfrutamos del trabajo sin complejos ni envidias. El resultado será una mierda de grueso calibre, pero al menos tendremos un elevado grado de satisfacción personal que nosotros mismos nos encargaremos de retroalimentar.


Caminando con Lou.

Los escritores bebemos de la vida, pero hay que deslizarse con los ojos abiertos y sorber con calma para poder plasmar luego las dentelladas del camino en el papel. Hay que hacerlo con calma, con el mismo compás tranquilo y la misma lengua afilada que el bueno de Lou.

Las grandes ideas están en la vereda, hay dar un paseo por el sendero de la vida, y si hay rosas de más no dudéis en quitaros los calcetines para sentir las espinas. Lou con su mirada tímida y su voz consumida ya nos enseñó el camino.

Igual que cuando Holly vino a Miami, los escritores también viajamos en autostop, nos gusta el riesgo, viajar sin rumbo, mirar por la ventanilla, oír y conversar con extraños. Igual que Holly se afeitó las piernas para convertirse en ella, nosotros nos afeitamos el alma para cambiar de piel y meternos en la de otro; sin prejuicios, sin normas, huimos del jodido que' dirán, de sentimentalismos y vergüenzas. Fingimos ser cualquiera para escupíroslo en el papel.

Hey babe, take a walk on the wild side, said hey honey, take a walk on the wild side.
-Lou Reed.

Como Candy también somos forasteros, venimos de fuera de la isla, y la isla está llena de escritores que acomodan sus culos en los taburetes de la barra, de momento estamos en la puerta de atrás atentos al movimiento del personal, dispuestos a hacer sangre si un asiento queda libre.

Ey nene, date una vuelta por el lado salvaje, dice, ey nena, date una vuelta por el lado salvaje.


El pequeño Joe nunca regaló nada, todo el mundo tenía que pagar y pagar. Aspiramos a un taburete en la barra y una moneda en los bolsillos ayuda a acercarse para tomar un trago. Un trapicheo aquí y un trapicheo allá.

Hey babe, take a walk on the wild side, said hey honey, take a walk on the wild side.

Salimos a la calle buscando alimento para el alma, como Sugar Plum, pero no siempre es fácil, hay que tomárselo con calma. Si necesitas sacar para comer no sirven las pausas, pero tampoco las prisas, puedes ponerte nervioso y equivocar el camino.

Hey babe, take a walk on the wild side, said hey honey, take a walk on the wild side.

No salgas a toda pastilla, tómatelo con calma. Jakie salió a toda pastilla para estrellarse soñando con ser James Dean. Ella no lo era, pero nosotros aunque no seamos Lou Reed tenemos que arriesgarnos a pasear por el lado salvaje de la vida.

Imagen by Jef Aerosol. Marseille-france.

La primera cornada.

Rasgué el sobre con esa determinación insana que produce la ansiedad. The Doors y su Light My Fire me atruenan los oídos como si una plaza abarrotada se rompiera en un millón de vítores.
Han pasado dos meses desde que finalicé mi primera novela, desde entonces no he dejado de buscar la suerte en la arena editorial. Este pliego que trato de extraer con dedos intranquilos es la primera respuesta que recibo.

Al desgarrarse la solapa emite un sonido largo y agónico idéntico al del cerrojo de un patio de toriles que libera al animal ante los gritos enfervorizados del tendido. La carta viene escrita sobre el amarillo arenososo del papel reciclado con letra negra como la piel de un miura.
La bestia, como siempre, sale a la plaza ciega de sol y dispuesta a pagar su libertad con sangre, yo protegido por mi capote de letras espero "a porta gayola" el envite de la bestia. Quien no arriesga no gana.
"Estimado Víctor: Nos ponemos en contacto con usted para comunicarle nuestra decisión acerca de su amable ofrecimiento de Crónicas de los Reinos Olvidados."

Devoro el texto. 7 asépticas líneas escritas en ese Arial Black que tanto gusta a las editoriales. Siento vibrar el suelo a medida que salto de renglón, retumba bajo las pezuñas del astado que se me abalanza. Respiro hondo, cierro los ojos y la primera sangre riega la arena del ruedo. 

"No hemos visto la oportunidad de incorporar su obra a nuestro catálogo editorial, por lo que hemos decidido no seguir adelante con su publicación."

Descorazonador final para una tarde que podía haber sido gloriosa.

Mientras que en la enfermería trato de remendarme el alma, me imagino la grada de presidencia, donde comparten asiento las grandes editoriales. Caras largas y rostros vacuos. La sangre ya no les impresiona. Somos demasiados los toreros que queremos compartir cartel con los grandes, y por duro que nos resulte no hay arena para todos. Por desgracia los libros están de capa caída, y como me dijo un editor: "Vende más el nombre de la portada que las 500 hojas que hay dentro". Los autores consagrados copan el mercado y su voracidad aumenta al tiempo que desciende el tamaño del pastel.


Dicen que el asta, al abrir la carne, quema, pues tanto o más lo hacen las cornadas de la decepción. Quizás vaya siendo hora de cambiar de plaza y pensar en la posibilidad (que más de uno me ha recomendado) de la autoedición. Torear en una plaza pequeña, casi de juguete, pero tuya. Una plaza bulliciosa donde no se cobre entrada y sea fácil llenarla de amigos, de gente de la calle. Gente de a pie que aún no tiene el corazón aletargado, endurecido por miles de faenas, gente con más respeto por la sangre, porque no olvidemos que cada mínima porción de expresión artística lleva escondida en lo más profundo la sangre del autor; y si me apuras hasta un trocito de alma.

Mi novela, Crónicas de los Reinos Olvidados, aún está sobre la mesa de unas cuantas buenas editoriales, quizás la próxima corrida vaya mejor. Ahora queda recoger capote y montera, olvidar la aciaga tarde, buscar nuevos ruedos y seguir adelante.

Como dispararle en el pie a vuestra propia novela.

Hay determinadas vicios, típicos de escritores noveles, que harán a tus lectores poner pies en polvorosa nada más haber leído dos párrafos de tu novela. Por descontado tus posibles editores y agentes irán a la cabeza, marcando el ritmo del pelotón que se aleja.
Uno de los más comunes, y del que vamos a hablar hoy, es hacer una exhibición de vocabulario. No es buen negocio hacer gala de intelecto trasteando con palabras enrevesadas, quedareis como pedantes egocéntricos y además no aportareis nada a la calidad de vuestra obra.
Os lo repito: No es buena idea. Por muy amplio que sea tu catálogo de términos a utilizar, es mejor que te retraigas. Al lector no le gusta tener que emplear su tiempo en descifrar montones de palabrejas tirando del contexto, y menos aún romper su ritmo de lectura cada dos por tres para echar mano del diccionario.

Pese a que no dudo de que conoces su significado, utilizar palabras como: virola, interfecta, guarismo, melifluo, megalodón, peripatético, contumaz, exinanido o bálano (este último cosecha de Ken Follet) no enriquece tu prosa, sino que la hace más pesada que el "Waka Waka" de Shakira.


Como muestra un par de botones:

“La interfecta intentó sin éxito apartar la virola de su navaja”

“Se mantuvo contumaz en su decisión de retornar a su morada a pesar los arrumacos melifluos de su amante”

Como podéis apreciar no hay hijo de su madre quien entienda las frasecitas, y no cabe duda de que el lector preferiría encontrar con frases más sencillas, pero con la misma fuerza y significado:

“La víctima fue incapaz de vencer el cierre de su navaja”

“Se mantuvo firme en su decisión de volver a casa a pesar de las caricias interesadas de su amante”

Peor sería que encima de utilizarlas ni siquiera conocierais su significado:
“La virola de la clase intento interfectar a su amiga a la salida, pero los melifluos del liceo estaban abarrotados y se le hizo imposible dar con ella”

Mucho mejor sería escribir: “La bizca de la clase intento interceptar a su amiga a la salida, pero los pasillos del instituto estaban abarrotados y se le hizo imposible dar con ella".
La calidad literaria será discutible, pero al menos dirá lo que tú quieres decir.

El fallo aún se incrementa otra pizquita si te empeñas en darle lustre a tus párrafos metiendo a calzador palabras olvidadas, en desuso, más muertas que la abuela de Ramses II, de esas que hace un siglo que no flotan en el viento. A día de hoy nadie insulta a su enemigo con un chispeante “malandrín”, ni a su pareja con cantarín “pelandrusca”, ni a su hijo con un sonoro “haragán”. Ni que decir tiene que nada más colocar estas palabras en los labios de tus personajes su realismo se irá por el retrete.

En definitiva, es conveniente tener un vocabulario rico, pero elegir con tino que termino utilizar en cada momento. No se trata de alardear de conocimiento, sino de vender la novela y para esto nada más que hay un camino: que guste. Las palabras retorcidas sólo conseguirán apartar la atención de la historia, y eso nunca, nunca es conveniente.

10 normas básicas para presentar Manuscritos.

Si, tras bombardear las editoriales con vuestras cartas de presentación, habéis conseguido captar su atención y que se muestren proclives a leer vuestra obra completa, es el momento de sonreír, hinchar los pulmones a tope y dejar salir el aire como un torrente. Es hora de celebrar, de sentirse orgulloso, habéis escalado vuestro primer 8000, habéis pedido una cita a la más rubia de las animadoras (o al mas musculado de los jugadores) y os ha dicho que se lo pensaría.
10 normas básicas para presentar Manuscritos.
No es necesario que borréis del rostro esa expresión altiva, mezcla de orgullo y triunfo; pero tampoco os calentéis y mandéis a “tomar Fanta” a vuestro jefe o la chica del pueblo (o al mancebo de botica que os envia cartas de amor). Hemos escalado por un tenebroso pico (y digo hemos porque yo con "De Revelaciones y Engaños" también lo he conseguido), bregando contra el cansancio, el hastío y la desesperación y por fin hemos alcanzado la cumbre. Al asomarnos al otro lado, hemos visto que nos esperan unas cuantas cumbres más antes de conseguir publicar con las debidas garantías, muchas más para conseguir vivir de una profesión tan complicada como la de escritor.
En mi caso, cuando alcancé esta cumbre me sentí como Parrado y Canessa, cuando treparon la primera de las cumbres andinas que separaban el desgraciado vuelo 571 del mundo exterior, cayendo entonces en la cuenta de que les rodeaba toda una cordillera tenebrosa, perversa y helada. Vértigo…incertidumbre.

La posibilidad de que el esfuerzo de esta primera escalada caiga en saco roto me produjo una incómoda sensación de responsabilidad. Aún queda mucho trabajo por hacer y el esfuerzo de esta primera escalada no puede caer en saco roto.
Al igual que los dos supervivientes decidí abstraerme de las amenazadoras cumbres, correr ladera abajo y enfilar el siguiente reto. Al igual que ellos, no dudaré en zamparme a cualquier compañero caído.

Antes de coger el trineo y lanzarse ladera abajo dispuesto a empitonar nuestra segunda montaña, ya que no nos morimos de hambre y no nos espera un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya lleno de compañeros "palmando" de frío y necesidad, podemos permitirnos parar un segundo para disfrutar de la soledad de la cima y prepararnos concienzudamente para seducir al comité de lectura correspondiente. No sea que cuando comiencen a dedicar el tiempo a tu novela le pase lo que a Kewdy de los Santos con su novia de Los Alcarrizos:

“Tu eres linda y to, tu eres bella y to, pero el “bajo a boca” (aliento) no se aguanta. Muy bonita y to y coqueta y to pero el “bajo a boca” no se aguanta.”
Una obra puede ser linda, bella, muy bonita y coqueta… y to, pero si el “bajo a boca” falla acabará engullida por un destructor de documentos. Para que el aliento de vuestra novela no apeste a muela podrida basta con cumplir 10 consejos sencillos.
No se trata de conceptos sesudos, son sólo normas de presentación, el equivalente editorial a las normas de etiqueta de las cenas de señoritingos. 10 normas sencillas que harán más por el buen aliento de vuestra novela que un barril de 208 litros de enjuague bucal:
  1. La obra estará escrita a ordenador. Elije Times New Roman o Arial como fuente. Son cómodas de leer en un tamaño de letra 12. No es plan quemar la retina de quien tiene que dar el visto bueno a tu novela.
  2. Presenta siempre en interlineado doble y con márgenes suficientes. Así el texto os quedará más desahogado y por lo tanto más fácil de leer.
  3. Ojito con las faltas ortográficas, gramaticales y tipográficas. Pueden dar al traste con vuestra valoración final.
  4. Procurad que cada nuevo capítulo arranque en una nueva página. La presentación así quedará mas limpia, más diáfana.
  5. Numera las páginas. El orden nunca está de más.
  6. Dedica la primera página a incluir todos los datos importantes: título, autor, tus datos personales, mail de contacto, teléfono.
  7. No olvides indicar con claridad el género y público objetivo de la obra, (fantasía, terror...novela adolescente...)
  8. Si el libro supera las 80000 pañabras incluye también una pequeña sinopsis, presenta tu novela, explica de qué va.
  9. Si crees que puede ayudar a vender tu novela puedes adjuntar tu currículum o tu carta de presentación.
  10. Si vas a presentar la novela en papel, por correo postal, imprime sólo por una cara y no olvides encuadernarla.
La idea es conseguir un manuscrito trabajado, serio, que se parezca lo más posible al de un verdadero profesional consagrado. Si cumples con estas sencillas normas ya estás preparado, coge impulso y tírate ladera abajo, habrá mas cumbres que dejar atras, pero algún día escalaremos la última y no dudes de que detrás está la gloria.


Bocaditos de realidad: Ambiciones y Reflexiones.

Me aburren soberanamente los remilgados que critican las obras antes de darles una oportunidad, gente de egos enormes, miras cortas y gafas de pasta que se arrancarían los ojos antes de leer una sola línea de Sven Hassel.
Yo leo por diversión y sí, soy fácil de engatusar con una trama sencilla y ejecutada sin alardes de premio Nobel. Está claro que si lo que tienes entre las manos es una obra de arte pues mejor que mejor, pero haber gozado de Hendrix y su interpretación magistral de "Purple Haze" en Woodstock 1969, no tiene porqué inhabilitarme para disfrutar, en su justa medida, de “El negro está rabioso” de Georgie Dann, o del “Amor narcótico” de Chichi Peralta.

Enciendo la televisión, cuatro intelectuales que acostumbran a polemizar sobre política dedicaban generosos minutos del primeshare televisivo al libro más vendido de las últimas navidades: “Ambiciones y reflexiones”.
Acomodan sus posaderas sobre cómodas sillas mientras el moderador, sin el menor pudor, azuza la jauría. La antigua tertuliana y novia de torero, metida ahora a escritora y futura presidenta del gobierno, Belén Esteban, los observa muda desde una gigantesca pantalla de plasma. El verlos destripar un libro de esa manera, con desprecio absoluto, me "tocó la moral". Si alguna vez consigo publicar “De Revelaciones y Engaños” espero no tener que tragarme un espectáculo semejante.

Un puñado de “jorobos” que no se pondrían de acuerdo ni en el color de sus propios calcetines, parecen no tener problema ninguno en manifestar su más completa concordancia en que el producto de la rubia hiperoperada es una mierda. –Todos merecemos una oportunidad -me dije en voz alta. Quizás de no haber estado allí sentado ni en mil vidas me hubiera interesado por el libro, pero tras presenciar su linchamiento televisivo decidí apostar por la escritora novel y darle una oportunidad.

Salí a la calle con la firme intención de hacerme con un ejemplar de tan cacareado libro, algo modosito, edición de bolsillo y tapa blanda, consciente de que tampoco estábamos frente a “Guerra y paz”.

Prefiero y recomiendo las librerías pequeñas, esas que huelen a polvo, a papel y en las que el librero, que conoce tus gustos, es capaz de adivinar lo que buscas con una sola mirada, pero en este caso consideré más razonable “ponerle los cuernos” a tirar por el suelo una reputación labrada durante años solicitando un ejemplar de tan baja alcurnia.

Monté en la línea 12. Baja desde las facultades, así que la mayoría de los que comparten viaje conmigo superan por poco la veintena. Casi todos parecen poseídos por sus smartphones, alguno dedica los minutos de desplazamiento a ojear apuntes manuscritos y un par de chicas alardean en voz alta de las artes amatorias de un semental que ambas parecen conocer. Al fondo un chico de mirada oculta por un flequillo demasiado largo como para llevar una vida normal, degustaba con delicadeza las páginas de un libro. Mi curiosidad innata me obligo a azuzar la vista. “El nombre de la rosa”. Respire hondo y me sentí bien, no todo está perdido. No era de Belén Esteban, pero me dio igual, un retazo de cultura en un mar de megabites.

En la gran superficie los libros aparecen alineados con pulcritud, unos junto a otros, huraños, sin amarse, sin compartir espacio, como si les diera asco tocarse. Expuestos como mercancía. El "Barrio Rojo" de los textos. Sólo necesité una rápida visual para encontrar el ejemplar que buscaba. Sobre la mesita de los bestsellers, junto a la entrada, en la zona de más tránsito. Está claro que los grandes apuestan por él.
Me hice con uno y seguro de mi compra enfilé el camino de la caja. Un libro que ha vendido millones de ejemplares algo bueno ha de tener, también las sagas de “Crepúsculo” y “50 Sombras de Grey” fueron criticadas a muerte y al fin y al cabo han dado hasta para película.
La cajera me preguntó si deseaba pagar con tarjeta. Negué con la cabeza, tampoco es plan de dejar huella. La chica me lo envuelve para regalo, así mantengo a salvo mi dignidad. Protegido por el papel cromado vuelvo a casa.
Conecto el tocadiscos, Led Zeppeling, caliento una taza de café y me repanchingo en el sofá. Esto es vida. Olisqueo el libro y el maravilloso aroma del papel y la cola me embriaga. No sería mal negocio que Hugo Boss nos sorprendiera con un perfume con olor a libro nuevo, o a coche nuevo…

Paso la primera página y avanzo hasta el prólogo, no está mal, nada mal, Boris Izaguirre hace un trabajo más que digno. –Malditos “gafapastas” –me digo a mi mismo con media sonrisa en la cara os he pillado con el carrito del helado.

Leo con ansia las primeras líneas, las primeras páginas con interés decreciente, llego al segundo capítulo con desidia y al siguiente con desesperación. Era una mierda.
Lo coloqué al fondo de la estantería junto con el primer ejemplar de la saga “Crepúsculo” y su homólogo de “50 Sombras de Grey”. Material para forrar sofás.

Moraleja: Las gafas gruesas no confieren a su portador el superpoder de distinguir turrón de mojón, pero tampoco está de más tenerlos en consideración. Cuando parece mierda y huele a mierda pocas veces te llevas una sorpresa y resulta ser Nocilla.

Escribir como catarsis.

"Catarsis: Purificación, purga, eliminación de los sentimientos o recuerdos que provocan un desequilibrio

Escribir para purificar el alma, para dejar atrás recuerdos nocivos y sepultarlos bajo un montón de letras, para pasar página y dejarlos atrás.

Una vez racionalizado, el problema mengua, parece más sencillo de desentramar y se nos antoja más lejano. No deja de ser un hábito saludable plasmar sobre el papel lo que el alma siente, ayuda a dejar atrás preocupaciones y afrontar nuevos proyectos con una energía más positiva.

No creo que la técnica sirva para solventar problemas de grueso calibre o para disipar miedos cervales. Soy reacio a creer que Molly Jenninngs, por mucho que escriba sobre arañas, consiga olvidarse de "Arachnophobia" y se haga amiga de los bichitos de ocho patas, al igual que tampoco creo que, por mucho que Morrissey nos repita que “Everyday is like Sunday” logre alejar al mundo de la vereda de las autodestrucción y mucho menos consiga dar marcha atrás a la moviola para sacar una bola extra que ayude a unos a salvar la vida huyendo de entre las ruinas y a otros a salvar su alma separando el dedo del interruptor rojo que regó de muerte nuestras ciudades.


Sin embargo en mi caso sí que le saco utilidad, eso sí, a un nivel más doméstico. Si el hijo del jefe, un príncipe de camisa rosa y cuellos almidonados, me amarga la existencia hasta hacerme desear ser poseído por el síndrome de tourette, me resulta en extremo satisfactorio llegar a casa, sentarme frente al papel, y retorcer el cuento. Convertir al príncipe en rana y que la princesa en vez de devolverle la humanidad con un beso enardecido, preludio de una noche apasionada, decida prendarse de su mejor amigo y reventar al sapo aplastándolo con una maza de 25 kilos. Creedme si os digo que entre las páginas de "Crónicas de los Reinos Olvidados" hay asplastados más de un sapo.

Sota, caballo, rey…así funciona mi particular versión de la catarsis.

Nadie dijo que fuera un camino alfombrado, placentero de pisar, hay que bajar al barro, rebozarse en mugre, y muchas veces no valdrá solo con chapotear en el fango, a veces será necesario zambullirse y hasta tragárselo.

En busca de la Inspiración.

El éxito consiste en un 95% de transpiración y un 5% de inspiración. En mi anterior post hablamos de la parte correspondiente al trabajo propiamente dicho, ahora llega el turno de concentrarnos en el otro 5%.Si llevas varios días mariposeando sobe el papel y éste sigue más blanco que el culo de un fraile es el momento de hacerle caso al bueno de Freud:
       “Si la inspiración no viene a mi salgo a su encuentro, a la mitad del camino”.

La inspiración está ahí fuera
, escondida tras la sonrisa sugerente de la rubia del supermercado o tras el mostacho entrecano de un guardia civil. Nunca se sabe. El caso es encontrar el primer hilo de la madeja. Luego será cuestión de paciencia y tino sacar todo el ovillo.

Los escritores somos ladrones, cleptómanos que observamos cuanto nos rodea dispuestos a agenciarnos de ese gesto, esa anécdota, esa carcajada salvaje o esa tos que parece provenir del mismo averno. Luego será el 95% de transpiración antes comentado, el que se encargue de modelar esa vivencia a nuestro antojo, para que traducida a letras pase a formar parte de nuestra obra.

Las ideas no vienen de la nada, nacen de experiencias previas, de la vida cotidiana, de los noticieros, de los chismes de las porteras…si no aparecen cambia de rutina; dedícate a hacer jogging en cuanto el sol ceda su trono a la luna y quizás encuentres por ahí, en lo profundo del parque, al ogro de tu cuento; perfórate el esófago a base de Jägermeister en un tugurio de roqueros y quizás tu reina de corazones sea la que gobierna el antro con puño de hierro desde detrás de la barra del bar.
Se trata, en definitiva, de moverse, añadir a nuestra contemplativa vidorria, nuevas experiencias que nos enriquezcan con pequeños chispazos que pueden encender la llama de la inspiración.

En definitiva la inspiración es un hada que sopla polvos hechos de sueños sobre nuestras cabezas y nuestra es la tarea de atraparlos o dejarlos caer.

Otro pequeño consejo para grandes escritores:

Vamos con otro pequeño consejo para grandes escritores. En mi anterior post hablamos de la necesidad irrenunciable de leer si queremos escribir. Si la recomendación de entonces me resultó obvia, ésta ha conseguido sacarme los colores: Para llegar a ser un buen escritor hay que escribir mucho.
Parecen "Las Lecciones Coco", pero es una verdad como un puño, un puño cerrado, cargado de fuerza y del tamaño del Kilimanjaro.

Al igual que los grandes deportistas entrenan a muerte modelando hasta el último músculo con la sola intención de optar a la victoria, nosotros también tenemos que sufrir. Si aspiras a ver tu novela publicada tienes que luchar a brazo partido contra fuerzas tan poderosas como la pereza, la rutina o la desesperación. Muchas de vuestras hojas acabarán arrugadas en la papelera, pero eso no ha haceros desistir, escribir una novela es una carrera de larga distancia. Hay que mantener el ritmo pase lo que pase, ya llegará el tiempo de meter el codo, de poner el pie en la puerta, de esprintar para cruzar la meta. Os lo repito, tenemos que 
sufrir para entrar en primera posición. 
La competencia es feroz y el segundo es el primero de los perdedores.

No se trata de forzar hasta que nos explote el túnel metacarpiano, sino de practicar el oficio, de mantener nuestra curva de potencia siempre arriba.

Fiódor Mijailovich Dostoievski, famoso por ser un hombre de comportamientos compulsivos, que se reflejaban en sus recurrentes ataques de ira, sus fallidos matrimonios, sus frecuentes escarceos sentimentales y su irrefrenable pasión por el juego (El Jugador) llegó incluso a renunciar a un trabajo medianamente bien renumerado para sumar tiempo en favor de la escritura.

Por apetitoso que nos resulte ese estilo de vida no es recomendable imitar a Fiódor, porque no creo que la inspiración, que todos los escritores esperamos como los labriegos al agua de Mayo, aparezca mientras que, encerrados entre cuatro paredes, el estómago ruge como un dragón y un ejército de “cobradores del frac” acampa a las puertas de nuestra morada.

Lo nuestro se trata más bien de adquirir unas rutinas de trabajo (a poder ser saludables) que nos permitan entrenar con constancia nuestra pluma. No nos engañemos habrá días en prefiramos ser flagelados a sentarnos frente al papel en blanco, que estemos taponados, que la musa de la inspiración no se avenga a visitarnos, pero como un hombre sabio dijo una vez: “que la inspiración me pille trabajando”.

En mi caso, aparte del segundo tomo de Crónicas de los Reinos Olvidados, tengo varios proyectos (algunos aparcados, porque no acaban de coger impulso y se obstinan en no llegar a puerto) girando por mi cabeza. Además para esos días negros en que no eres capaz de sacar ni una línea decente tengo los blogs o un buen puñado de textos para corregir.

En definitiva para llegar a ser un buen escritor hay que disfrutar de la escritura en general, dedicarle tiempo, disfrutar, y sentir la actividad tan propia como el café del desayuno. Que sólo soñar con escribir de cara al mar una mañana de frío y luminoso sol de invierno, con la ligera brisa del mar enfriándonos el rostro mientras el café fuerte e intenso nos calienta por dentro se nos antoje la experiencia más gratificante del mundo.

Leed, leed malditos...

El primer consejo para todo aquel, que al igual que yo mismo, aspire a ganarse el sustento dándole arrumacos a la estilográfica es tan obvio que da hasta vergüenza ajena tener que apuntarlo: Leer, leer mucho.
Tranquilos, que el mito que relacionaba las gafas de culo de vaso con leer mucho no es más que eso, un mito. (El que indicaba el mismo castigo para quien se entregaba con demasiada frecuencia al onanismo también es falso, aunque no sé por qué me da, golosones, que la falsedad del segundo ya se ha demostrado empíricamente.

Volvamos de los Cerros de Úbeda y concentrémonos en el tema que nos atañe. No es de recibo pretender crear un producto que ni nosotros mismos consumimos. Trabajar diseñando motores en Maranello sin tener ni siquiera la intención de sacarse el permiso de conducir, es una empresa que si no imposible al menos a priori se me antoja difícil.
Así que, a no ser que seáis famosos de renombre, como Raúl González o Belén Esteban (ambos famosos por tener una prosa de una calidad “similarmente idéntica” a la de su verso), os recomiendo no os olvidéis de colocar junto a la pluma vuestras gafas de lectura. Ambas herramientas os serán igual de necesarias.

Como íbamos diciendo un escritor en potencia tiene que leer mucho, devorar libros. Como el monstruo de las galletas pero en versión “cultureta”. Si pensamos dedicar una hora diaria a la escritura no está de más dedicarle el doble a la lectura. No sólo por el disfrute del texto en sí mismo, sino porque ayuda a que nuestra prosa se haga más fluida, permitiéndonos visualizar nuevas construcciones gramaticales, y como no, añadiendo vocabulario a nuestro arsenal. Además no es raro que navegando entre los párrafos de otras obras encontremos inspiración para desenredar el nudo argumental en el que nuestra novela se había quedado atrapada, o darle esa pincelada final a un personaje que hasta entonces pecaba de descafeinado.

Stephen King, en su magnífica autobiografía “Mientras Escribo”, ya profundizaba en la necesidad de destinar gran parte del tiempo a la lectura. En su caso la necesidad se transformaba en obligación y ésta era llevada hasta un extremo que rozaba la adicción. El bueno de Stephen nos recomienda ampliar la sesión de lectura además de a los momentos medianamente lógicos para tal fin (como ese capitulillo previo de siesta, ese par de hojas que acompañan al bocata de chorizo de media tarde o el mítico ratejo plagado de bostezos de antes de dormir), a todos los ratos muertos de nuestro día a día (sala de espera del médico, paradas de autobús, atascos y un largo etcétera). Otra de sus recomendaciones eran los audiolibros (invento creado por el demonio para triturar tanto al libro como al librero, en el que alguien lee la novela en voz alta para que el vago de turno no gaste pupila).
Yo de momento no tengo ni el tiempo, ni la necesidad de llevar la recomendación a tal extremo, y con una o dos horas diarias de sana lectura me conformo.

En cuanto a con qué tipo de libro ilustrarnos, poco más o menos da lo mismo. Desde novelas de bolsillo de las que abarrotan las estanterías giratorias de las tiendas de aeropuerto, hasta los más sesudos textos aristotélicos. Todo lo que tenga calidad suficiente como para escapar del cruel destino de calzar sofás, tiene cabida en nuestro baúl.

Aunque para no faltar a la verdad habremos de reconocer que si a la cantidad le añadimos calidad mucho mejor. Para un novelista en ciernes se me ocurren unos cuantos libros de imprescindible lectura:" Misery", la trilogía de "El Señor de los Anillos", los entretenidísimos volúmenes de "Harry Potter", "La Orden" de Tim Willok, "Stalingrado" o "Berlín" del magnífico historiador Antony Beevor, "Soy Leyenda" de Richard Matheson , "El Nombre de la Rosa" de Eco. "En el Abismo" de Kellerman o "Gravity" de Gerritsen. Igual de buenos que los anteriores hay miles de ellos más, véase la saga de "Juego de Tronos" o los tres volúmenes de Patrick Rothfuss, cada uno tenemos nuestros preferidos y ninguno tiene que ser necesariamente peor que otro.

En mi caso suelo tener dos o tres libros empezados, procuro que sean de temáticas diferentes y suelo alternarlos en función de mi estado de ánimo o del lugar en el que me encuentre. Sapkowski y Kershaw son los dos apellidos que comparten en estos momentos espacio sobre mi mesita de noche.

Tensa Espera - Blade Runner.

El sol juega a esconderse entre chimeneas, antenas y tejados, regando mi sexto piso abuhardillado con una apocalíptica luz anaranjada. Pulso la tecla roja de la máquina, se enciende el piloto luminoso, y pronto el café extiende su aroma penetrante por toda la estancia. Hoy tampoco he recibido respuesta. Otra cruz en contra marcada en el casillero de mis esperanzas, y con esta ya van doce.

Doce días sin noticia alguna, ni positiva ni negativa.

Desde que finalizara el primer volumen de “Crónicas de Los Reinos Olvidados” y me decidiera a enviar mi propuesta editorial, junto con tres capítulos de muestra, a dos docenas de editoriales y agentes, he recibido un incesante goteo de comunicaciones solicitándome el libro completo. Desde que remitiera a cada uno de los interesados este primer tomo (“De Revelaciones y Engaños”), acompañado de sus correspondientes Currículums Editoriales y Sinopsis, han pasado doce días. Todas me informaron de que iniciados los trabajos de sus "Comités de Lectura" se tomaban un plazo de entre dos a tres meses para considerar la publicación de la novela.

Tres meses se antoja una espera insoportable, semejante a la de un condenado que reza para que le revoquen la pena en el corredor de la muerte. Tensa espera para un libro que se juega en tan corto y a la vez tan largo espacio de tiempo la vida o la muerte.

Al igual que el replicante de Blade Runner mi libro también teme a la muerte.

“Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”
-Roy Batty-

Si las noticias positivas finalmente no llegan, sus miles de palabras al igual que todas las vivencias de Roy Batty, se perderán como lágrimas en la lluvia. Se descompondrán perdidas en el olvido, arrinconadas entre el polvo y los calendarios viejos de una estantería llena de libros (algunos malísimos) que sí tuvieron la suerte de crecer, de madurar, de descansar sus lomos en una librería, de pasar de mano en mano…en definitiva de vivir en los ojos, en los corazones y las mentes de sus lectores. Libros eternamente dichosos sólo por el hecho de haber sido leídos.

En la mayoría de las ocasiones una novela sin publicar está condenada a morir al mismo ritmo que lo hace uno mismo. Aunque los autores siempre tendremos la esperanza de que la niña de nuestros ojos se haga mayor y encuentre un novio que la quiera. <<Quizás cuando pasen los años alguien la encuentre en un cajón le sople el polvo y diga: “coño no está nada mal”>>.

El café está listo. Me siento en el sofá. Enciendo el televisor: Salsa Rosa.

Pongo mi cerebro en modo "of", dejo que la caja tonta me bombardeé con sus rayos catódicos. Una vieja pocha discute con un cantante venido a menos que viste de rosa. El café está caliente, fuerte y amargo, justo como a mí me gusta. Esto es vida. Con el cerebro desconectando no hay preocupaciones y además la satisfacción de saber que lo nuestro es infínitamente mejor que los detritus televisivos con los que a diario nos atormentan es el mejor bálsamo para la ansiedad.

Nuestro Primer Lector.

Terminada la novela es el tiempo de buscar a nuestro primer lector. La persona de confianza que va a tener el placer/obligación de disfrutar/sufrir vuestra obra por primera vez. No es una cuestión baladí, un primer lector, si es lo suficientemente mordaz, puede hacer cambiar el resultado final de una novela más de lo que os pensais.

Un primer lector no necesita tener unos conocimientos literarios de primer nivel (si los tiene, mejor que mejor), con cierta aficcion por la lectura nos basta y nos sobra. Lo que de verdad es irrenunciable es que tenga la confianza suficiente como para utilizar, si fuera menester, palabras como truño, moñigo o zurullo. Mi recomendación es que elijais como primer lector a ese ser que duerme a vuestro lado, a decir verdad nadie tiene tanta confianza con uno como aquella persona con la que comparte colchón (si duermes con un perro o un gato no sirve la recomendación) yo así lo he hecho con "De Revelaciones y Engaños", el primer tomo de mi trilogía "Cronicas de los Reinos Olvidados".

Si no disfrutais de las mieles de la vida en pareja , habreis de buscaros otra posibilidad. Un hermano con cierta afinidad, o una madre de las de zapatilla rápida y aficción por Corin Tellado tampoco es mala opción (aviso para los hijos únicos y para los pequeñines de la casa: si vuestra madre es condescendiente y sobreprotectora no vale).

Las funciones de este primer lector son a priori sencillas:
Detectar los fallos que provoca el subconsciente del escritor. Esos que una vez localizados hacen que se nos escape de los labios un "su puta madre...". En mi caso un error que me ocurre con relativa frecuencia es cambiar el nombre a los personajes a lo largo del libro; no es que Rabindranath Tagore pase a llamarse, por obra y gracia del Espíritu Santo, Britney Spears....pero no os imaginais lo fácil que es que se os escape un "Rafael" entre tres centenas de "Raphaeles".
Otra función es comprobar si la trama se entiende o no. Leida la novela, nuestro primer lector ha de ser capaz de resumirla con un puñado de palabras.
La última función del primer lector es recopilar tantos "porques" como estime necesario. En la cabeza del escritor todo está claro y meridiano...pero puede que en la del lector no todo esté igual de diáfano. 
Os advierto que para cada uno de sus "porques" tendreis preparado un "ya, pero es que..." os saldrá más automático que el gesto de meter barriga al quitaros la camiseta. Ahorraros el esfuerzo de discutir, si vuestro lector no lo entiende es que está mal, o al menos insuficientemente explicado. 

Tras el chaparrón de críticas es el momento de ponerse el mono de trabajo y retocar la novela de cabo a rabo.Quizás baste con añadir una pincelada aquí y otra allá, o puede que tengáis que prepararos para un concienzudo trabajo de albañileria, sea como sea recordad que si con vuestra obra no contentais ni a vuestro primer lector (al que se le supone una fuerte afinidad con vosotros) mucho menos lograreis llegar a miles de lectores anónimos.

Cómo escribir una Sinopsis Editorial.

Vamos a seguir con nuestra colección de pequeños consejos para grandes escritores. En este caso abordaremos la construcción de una buena sinopsis.
Cuando me solicitaron por primera vez la sinopsis de “Crónicas de los Reinos Olvidados” no pude evitar un ataque de ego que desembocó en una pataleta casi infantil: <<Si quieren saber si mi novela es buena…¡que la lean! –pensé no sin cierta razón>>.

Aparte de un montón de sueños y esperanzas, en “De Revelaciones y Engaños” hay un concienzudo trabajo de redacción y corrección, cientos de horas invertidas en armonizar una historia coherente, en dar vida a infinidad de personajes y en dotar de fuerza y empaque a una trama compleja. <<Tanto trabajo no puede resumirse en un puñado de palabras…>>. Pues bien amigos, si os ocurre lo mismo que a mí, respirad hondo tantas veces como haga falta y tragaros vuestro ego. El ego y el orgullo nunca dieron de comer, y si bien es cierto que vosotros habéis preparado el potaje, no es menos cierto que los editores tienen a buen recaudo la cuchara con la que hincarle el diente.
El objetivo a conseguir es que el editor desenfunde su cuchara para probar nuestra sinopsis y no pueda reprimir las ganas de zamparse la novela completa. Para ello, aparte de cumplir los requisitos teóricos de cualquier resumen, debemos ser capaces de darle un aspecto y una cadencia que provoque la avidez del lector.
El texto tiene que ser elegante como si lo fuera a cantar el mismísimo Michael Bublé , pero además necesitamos que sea tan inquietante como ver a Raffaella Carrá bailando el "Tuca Tuca". Tiene que dejarnos expectantes, con ganas de más.

Una vez elegido el "cómo" de la sinopsis nos centraremos en el "qué": Lo ideal es preparar una transición sencilla que siga el esquema:

1 - Evento inicial (en el que aprovecharemos para describir los personajes principales y el panorama general de la obra)
"Variliof el Eterno gobierna su reino desde Torre Esperanza. No corren buenos tiempos y el futuro no se antoja halagüeño. El número de Adoradores de la Tormenta crece sin control, las hambrunas azotan su reino y por si fuera poco la amenaza de Melmoth el Errabundo avanza por el este…"


2 - Acontecimientos (aquí perfilaremos los puntos clave de la trama así como el desarrollo del personaje principal). 

"La obsesión del Regente por alejar la amenaza de Melmoth el Errabundo y su Ciudad Errante, y con ello agregar nuevos territorios a la gloria de su reino, le hace invertir cada eterno de oro en construir una segunda torre más allá de las Puertas del Fin del Mundo…"

3 - Climax (Llega el momento de reflejar sintéticamente el punto álgido de la novela). 

"Mireia, que espera en secreto un hijo fruto de su clandestina relación con Torgaz el Negro, Jefe de la Guardia, se ve influida por Lady Leonela a fin de deshacerse del retoño, prometerse con Arjak y traer la paz y la prosperidad al reino. Pero la Diosa Tormenta tiene otros planes…"

4 - Resolución y consecuencias (todo tiene un final, y aquí debemos fundamentar el nuestro, demostrar que la novela no está cerrada en falso, sino de forma concisa y clara.
"Nikolay Variliof, regente de Torre Esperanza…¿estais de coña?...en este caso habréis de comprender, queridos lectores, que me abstenga de destripar el final de mi novela ante todos vosotros…"

En definitiva, no se trata de redactar una narración telegráfica, se trata invertir una o dos hojas en contar una historia que involucre al lector, hacerle partícipe de la historia, de los personajes y de la trama. Envolverlo y hacerle desear sumergirse en cada uno de los párrafos de nuestra novela.

Como escribir tu Currículum Editorial.

Nunca me había visto obligado a escribir mi currículum editorial, pero el requerimiento de una editorial barcelonesa me hizo poner empeño en darle forma de la manera más adecuada posible.

En un primer momento la palabra currículum, agazapada tras otras a mi entender de mayor enjundia, como sinopsis o propuesta editorial, no me impresionó en demasía. A decir verdad he tenido que escribir mi currículum al menos una decena de veces (los formateos son mi debilidad) y son centena las copias de ellos que deben de estar durmiendo el sueño de los justos en los departamentos de personal de empresas de medio mundo. “Me llamo Mengano, estudié en los Carmelitas Descalzos, trabajé con Fulano tirando de hormigonera para la constructora de turno, nivel medio de inglés, carnet B1, disponibilidad inmediata y aficionado al deporte y la música”. Vamos un currículum “tipical Spanish” de los de toda la vida.

Mis dudas tardaron en surgir lo que tardó mi cerebro en releer la carta y centrarse en la segunda palabra “editorial”. De repente me sentí igual de perdido que Spud, el de Trainspotting, en su entrevista de trabajo.http://3.bp.blogspot.com/-_3iQMzx0bMo/T1ojakAn-yI/AAAAAAAADvo/VMUPtdKqFDU/s1600/00-15-33.jpg
Traté de centrarme e investigar de qué se trataba. Encontré montones de entradas a foros y a blogs explicando cómo construir tu currículum editorial, la mayoría de ellas llenas de vaguedades, verdades a medias y sin sentidos. Finalmente comprendí que lo que nos solicita el editor es una breve reseña del autor, es decir algo similar a las biografías que aparecen en la contraportada de los libros, en la que expliquemos nuestro devenir en el mundo de la escritura.

Si lleváis tiempo en esto, tenéis novelas publicadas o habéis sido finalistas de infinidad de concursos literarios, lo tendréis más fácil que yo, que me enfrento al papel más virgen de méritos que David Bustamante en el casting de Operación Triunfo (atentos al minuto 1.35 del video).

El currículum editorial debe de ser directo como un puñetazo en la nariz, intenso como un tema de Gaslight Anthem, y fugaz como la llamarada de un fósforo. El lector al igual que el editor es una criatura impaciente, así que nada de vueltas. Nada de palabras edulcoradas ni rimbombantes, tenemos escasos segundos para agarrarlos por la pechera y obligarlos a leer nuestra breve reseña biográfica. En ella debe de aparecer todo aquello que pueda hacer empatizar a los posibles lectores\compradores tanto contigo como con tu novela.

Nuestros datos personales no pueden ocupar más de un par de líneas:
“F.del Páramo (Oviedo, España, 1977) es abogado laboralista, bloguero y gestor de contenidos para Google. Lector voraz, escritor y cocinero aficionado, en 2012 decidió cambiar el rumbo de su vida y zambullirse en el mundo de la publicación por internet.”

Dejamos el grueso del escrito para poner el foco de luz sobre los acontecimientos que pueden atraer el ascua a nuestra sardina, en mi caso he tratado de apoyarme en mi experiencia como bloguero, ya que como novel aún no tengo nada que reseñar. Si tenéis publicaciones o concursos a vuestras espaldas éste es el momento de mostrar vuestros méritos.
“La aventura comenzó aunando dos de sus pasiones, la cocina y la escritura, dando lugar a su primer blog: “La Cocina de la Abuela”. A éste le siguieron varios más, formando un conglomerado que ya le ha reportado 30 millones de visitas a su perfil.”

Tras esta segunda parte del curriculúm editorial llega el turno de intentar vender la novela en cuestión, que los lectores y el editor sepan que es lo que llevamos al mercado.
“Animado por los excelentes resultados de sus publicaciones online y apoyado por sus más de 2000 seguidores afronta el hasta ahora es su proyecto más ambicioso: su primera novela.
"Crónicas de los Reinos Olvidados” es una trilogía de fantasía heroica de entorno medieval de la que “De Revelaciones y Engaños” es su primera parte.”


Reservaremos las últimas líneas de nuestro escritos para indicar nuestros datos de contacto.
“F.del Paramo.
C\ Axxxxx Cxxxxx XX – XºF Oviedo (Asturias – España)
elregentedelatorre@gmail.com
Teléfono: XXX XXX XXX”


En principio se recomienda escribirlo en tercera persona y como siempre el tamaño de letra será 12 y el formato Pdf o Word.

Y si amanece por fin. Como enviar nuestra Carta de Presentación.

Si después de la tormenta creativa que da lugar a una novela, amanece por fin, ha llegado el momento de enviar nuestra carta de presentación a cuantas editoriales puedan dejarse desabrochar un botón.
Si sois de los que tenéis una editorial favorita, bien sea porque publican el tipo de libros que sueles leer, son los mecenas de tu artista preferido, por sus presentaciones lujosas, o porque el título de tu obra y el nombre de la editorial riman en asonante (hay gente para todo) no os precipitéis. Muchas veces aunque la vida se luce poniendo ante ti un caramelo éste resulta ser de anís (o de menta, que suele estar igual de malo). Debéis desechar la idea de concentrar vuestros "hopes&dreams" en una sola editorial, no sea que como cantaba Sabina “tal vez no seas tú la mujer de mi vida”.



Las prisas son malas compañeras de viaje y cuando el camino es resbaladizo es mejor andarse con tiento. Antes de pulsar el botón de “enviar” o pasar la lengua por un sello (por cierto, ¿para cuándo unos sellos con sabor a fresa?), es necesario realizar primero por un tedioso trabajo de campo. Investigad qué editoriales publican nuestro tipo de libro; si escribís narrativa de nada sirve enviar vuestra carta de presentación a las que se centren en publicar poesía y viceversa. Comprobad si su cupo para el tipo de obra que queréis presentarles está completo, no sea que tengan cerrado el plazo para la entrega de manuscritos. En las páginas web de muchas editoriales se especifica qué tipo de obra les interesa y cual no (para mi sorpresa la novela erótica y la novela negra/policiaca suelen ser las más demandadas, mientras que para novelas de narrativa fantástica, como Crónicas de los Reinos Olvidados, cuesta Dios y ayuda dar con editoriales que acepten manuscritos). En este mundo, como en todos los demás, también impera la ley de la oferta y la demanda. Si el pueblo quiere pan y circo ellos se lo darán, no olvidéis que las editoriales buscan beneficio económico, lo cual no tiene que ser a la fuerza malo, y dado que la relación entre las dos partes de este contrato es simbiótica (que no equitativa), si ellos ganan tú ganas. Que no os suba la bilirrubina, aún queda un largo camino antes de publicar, no os aceleréis.
Una vez elegidas nuestras primeras editoriales y tras haber verificado que las candidaturas para el tipo de obra que pretendemos presentar están abiertas, debemos comprobar a qué dirección exacta hemos de lanzar nuestras flechas (departamento de lectura, entrega de manuscritos, persona física particular...), no es fácil y estos datos de contacto no suelen estar a la vista, pero no escatiméis esfuerzos, nadie se ha muerto por ir sin dormir una vez al "currelo", y la distancia entre la papelera y la mesa del departamento de lectura están tan cerca que da vértigo. Además los editores tiene fama de ser más vanidosos que una mujer caprichosa y una vez rondada tal vez no tengamos más noches para demostrar nuestra valía.

En mi caso, no he dudado un instante en dejar caer mi reputación a los pies de la cama y ofrecer mis encantos a cuantos pretendientes me fuera necesario.
Tras un arduo trabajo de selección elegí meticulosamente a diez editoriales que cumplieran tres premisas:

1- Que tuvieran abierto el plazo para la presentación de manuscritos
2- Que publicaran novela fantástica.
3- Que no huyeran de los escritores noveles como de la peste.

Cada una recibió una de mis cartas de presentación (todas ellas personalizadas) invitándolas a reclamar mi novela completa en el caso de sentirse interesadas. No sólo el escritor tiene que mojarse y pese a que todas se comportan como una educada dama son pocas las que llegado el momento tienen la infraestructura y sobre todo la intención de demostrar que son una mujer además de una dama.

Mi primera oleada de flechas de cupido partieron soñando con el corazón de una princesa, dejando tras de sí preparada una segunda oleada de saetas que en caso de ser necesario volarán buscando nuevos romances.

Como todos los escritores noveles me enfrentaba al mundo editorial con recelo, un recelo incrementado por miles de reseñas que hablan sobre la imposibilidad de recibir respuesta y que ésta, si es que llega, viene acompañada por una exorbitada tardanza. Para ser mi primera vez con un par de emails estereotipados cargados de frases zalameras me daba con un canto en los dientes.
Para mi sorpresa el resultado fue mejor de lo esperado y en apenas 24 horas recibí varios correos electrónicos interesándose por mi obra: Una editorial madrileña me ofreció la posibilidad de coproducir Crónicas de los Reinos Olvidados, Tomo I: De Revelaciones y Engaños; Una catalana me solicitó mi currículum editorial, así como una sinopsis de la obra y otras dos que me solicitaron el manuscrito completo (una andaluza y otra catalana). También recaudé dos corteses renuncias a publicar, cargadas de noticias pesimistas sobre la situación del mercado editorial y por ende lo arriesgado de publicar a un novel.

Si habéis conseguido una buena aceptación de vuestra carta, enhorabuena, paciencia y a esperar a que la obra completa guste; si no es así no os desaniméis, quizás no hayáis rondado a la moza adecuada. Echadle un par de horas más a vuestra carta de presentación y seguid enviándola, no os olvidéis de que el roce hace el cariño y a base de insistir hasta los tunos consiguen llevarse alguna dama al huerto.

Como escribir una Carta de Presentación. Mermelada de ideas.

Stephen King, y más concretamente su libro “Mientras Escribo”, tiene en gran medida la culpa de que el lunático que os escribe decidiera amarrarse los machos, armarse de paciencia e invertir el tiempo libre de un par de años en escribir “Crónicas de los Reinos Olvidados”. Si estáis barruntando encauzar vuestro caudal creativo hacia el papel os recomiendo encarecidamente no olvidaros de él. Entre sus 223 páginas encontraréis un montón de sugerencias, que de seguirlas harán ganar enteros a vuestra futura publicación.

Tras el registro de “De Revelaciones y Engaños” (Tomo I de “Crónicas de los Reinos Olvidados”) ha llegado el momento de seguir otro de los mesurados consejos del bueno de Stephen: No perder tu tiempo ni hacer a los representantes\editores perder el suyo.


Finalizada tu novela te apetecerá gritar a los cuatro vientos que ya la tienes disponible para publicar. Reprímete. Es como cuando paseas buscando frutos silvestres y te apetece cantar, quizás la soledad del bosque te invite a berrear a pleno pulmón, pero en cuanto tú, imitador inconsciente de Domenico Modugno, vayas por el segundo “volare” doblarás un codo en el camino para darte de bruces con dos docenas de excursionistas dispuestos a interrumpir tu estrofa con sus carcajadas.

Si vamos a canturrear nuestra novela es mejor hacerlo en voz baja y que el oído al que susurras al menos esté interesado en nuestra serenata. Sino tan sólo provocarás risas.

Según Lola Gulias (Agencia Literaria Kerrigan) los editores reciben de media un manuscrito diario, una situación de embudo que provoca que muchas novelas, seguramente algunas muy buenas, se pierdan en el limbo y nunca lleguen a ver la luz. Para evitar este desagradable trance debemos reprimir nuestro instinto de mandar la novela completa, por buena que ésta sea no la leerán a menos de que nos la pidan. Es el momento de crear nuestra carta de presentación.

Como casi siempre investigué por internet buscando una receta que aunase los mejores ingredientes para mi carta. Como internet es una zarza gigante con más pinchos que zarzamoras, tuve que aplicarme para cribar la información. Aunando los frutos que se me antojaron más apetitosos con otros de mi propia cosecha preparé una apetecible mermelada con la que espero agitar los jugos gástricos de algún editor.

Vamos con la receta:
1 - La carta ha de ocupar una sola página, con un tamaño de letra 12 y en formato PDF. Si es más larga que la infancia de Heidi, o no está en PDF, temo que el editor se indigeste y la arroje a la papelera.
2 - Dado que “Cronicas de los Reinos Olvidados” no es un libro de humor, he adoptado un tono neutro, profesional. Las originalidades y las “graciosadas” están de más. Esta advertencia vale tanto para el contenido como para el continente, nada de letras\fondos de colores ni dibujitos simpáticos.

Una vez decidida la estética de la carta hay que centrarse en el contenido:
1 - Nombre y apellido del destinatario. Investigad un poco antes de mandar vuestras cartas y personalizarlas. Es mucho más fácil acabar en las manos adecuadas si la carta se envía a su nombre que si la mandamos a un enorme listado de direcciones de correo.
2 - Luego será el momento de presentarnos como escritores, es mejor centrarse en los datos relevantes, porque una sola hoja tampoco da para tanto.

“Soy un escritor novel, que busca agente. He encontrado su nombre en un artículo de www.elpaís.com, “El misterio de la mujer del millón de libros” y he pensado en usted como guía por los senderos del mundo editorial…”

3 - Después describiremos el argumento de nuestro libro. Hay que ser concisos, uno o dos párrafos como máximo.

“En esta primera parte de la trilogía “Crónicas de los Reinos Olvidados” (Tomo I: “De Revelaciones y Engaños”), Nikolay Variliof, Rey de los Eternos, sueña con apuntalar su posición de supremacía respecto a los reinos vecinos. Para ello decide casar a su única hija, Mireia, con el príncipe del más poderoso reino de más allá del mar, Arjak, primogénito de Aarón el Grande.
Los engaños de unos provocan los actos de otros, haciendo que los destinos de Reyes y súbditos se entrelacen, se separen y se crucen bailando al son que les marca la codicia, la fortuna o los Dioses...”

4 - Tras la descripción yo he reservado un párrafo corto para, apoyándome en los datos del mercado, vender mi novela. Sin miedo, que ladran pero no muerden.

“Creo que en estos momentos, en que los libros de “espada y brujería” al estilo de George R.R Martin o Andrzej Sapkowski están de máxima actualidad, esta trilogía podría tener una gran aceptación…”

5 - Por último le ofreceremos al destinatario la posibilidad de enviarle nuestra obra completa.

“Junto con esta carta, he decidido enviarle tres capítulos como muestra. Si le interesa leer alguno más, o el tomo en su totalidad se lo enviaré con mucho gusto.”

6 - Finalizaremos añadiendo nuestros datos personales. Nombre, teléfono y dirección de correo se me antojan imprescindibles.

Antes enviar vuestra carta no os olvidéis de darle otra pasadita a la ortografía, leerlo cuantas veces sea necesario (incluso en voz alta). Tanto la ortografía como la gramática tienen que quedar “niqueladas”; son vuestras herramientas de trabajo y mostrar desconocimiento de cualquiera de las dos es un pecado que pagaréis con vuestra novela vagando errante por el purgatorio del olvido.

Sobre este blog

Blog personal del escritor Fernández del Páramo. Un espacio digital creado para dar a conocer su obra y compartir impresiones con sus lectores.